jueves, 31 de marzo de 2011
viernes, 11 de marzo de 2011
CUARESMA
Repasando la fecha del calendario en la cual nos encontramos, y teniendo a bien nuestro amigo Leo recordarnos que ya ha sido miércoles de Ceniza.
Y sin animo de ser pájaro de mal agüero. No por menos, y me consta que no habré sido el único cofrade que se ha percatado de ello.La Cuaresma , como se dice en mi tierra ha entrado “mojá”. Y ya se sabe el dicho (¿cuando La Cuaresma entra “moja”? los Santos en Semana Santa, ¡difícil es que los puedas sacar!).
Y es que son muchísimos años de observación por parte de las gentes del campo, que pendientes siempre si la meteorología les va a ser favorable o no para la siembra y saber como van a ser sus cosechas, son una enciclopedia abierta que no debemos menospreciar.
El hecho de queLa Cuaresma como tal, días antes o después del miércoles de Ceniza lloviese, era casi en el ochenta por ciento de las ocasiones, presagio de la posibilidad que cuarenta días después, y coincidiendo con la Semana Santa hubiera una alta probabilidad de lluvias.
Como todo lo referido a la observación meteorología a largo plazo y basándose en el método ancestral de las Cabañuelas, hay un amplio margen de error, (a Dios gracias). Pero no deja de ser inquietante para los que vivimos La Semana Santa todo el año, y teniendo como referente meteorológico, de forma más o menos certero si hace bueno o malo el día del miércoles de Ceniza. Ya se nos empiezan a abrir las carnes el pensar por un momento, que lo que tanto tiempo llevamos esperando no se logre. Que es ver nuestras cofradías en la calle.
Y para más INRI este año y por los motivos que todos conocemos, por desgracia en Alanis va a estar más descafeinada que otros años. Ya que el Señor de nuestro pueblo Nuestro Padre Jesús Nazareno no podrá realizar su Estación de Penitencia, debido al deterioro que sufre la talla. Merma esta, que sin duda se notara y mucho.
Y terminando de rizar el rizo, el Miércoles Santo, la final de fútbol dela Copa de Su Majestad el Rey. Que digo yo que ya la podrían haber puesto en otra fecha, porque sinceramente creo que costales y balones, camisetas y capirotes, botas y alpargatas no tienen mucho en común. Nada más que el mero hecho de sufrir por una afición desmedida por cualquiera de las dos cosas.
Solo le pido a Dios que al menos la salud no nos falte y que la próxima Semana Santa, sea lo más lucida posible, para el bien de todos los cofrades, y del público en general
Alberto Fernández Antunez
Miércoles de Ceniza del año 2011 de Nuestro Señor
Y sin animo de ser pájaro de mal agüero. No por menos, y me consta que no habré sido el único cofrade que se ha percatado de ello.
Y es que son muchísimos años de observación por parte de las gentes del campo, que pendientes siempre si la meteorología les va a ser favorable o no para la siembra y saber como van a ser sus cosechas, son una enciclopedia abierta que no debemos menospreciar.
El hecho de que
Como todo lo referido a la observación meteorología a largo plazo y basándose en el método ancestral de las Cabañuelas, hay un amplio margen de error, (a Dios gracias). Pero no deja de ser inquietante para los que vivimos La Semana Santa todo el año, y teniendo como referente meteorológico, de forma más o menos certero si hace bueno o malo el día del miércoles de Ceniza. Ya se nos empiezan a abrir las carnes el pensar por un momento, que lo que tanto tiempo llevamos esperando no se logre. Que es ver nuestras cofradías en la calle.
Y para más INRI este año y por los motivos que todos conocemos, por desgracia en Alanis va a estar más descafeinada que otros años. Ya que el Señor de nuestro pueblo Nuestro Padre Jesús Nazareno no podrá realizar su Estación de Penitencia, debido al deterioro que sufre la talla. Merma esta, que sin duda se notara y mucho.
Y terminando de rizar el rizo, el Miércoles Santo, la final de fútbol de
Solo le pido a Dios que al menos la salud no nos falte y que la próxima Semana Santa, sea lo más lucida posible, para el bien de todos los cofrades, y del público en general
Alberto Fernández Antunez
Miércoles de Ceniza del año 2011 de Nuestro Señor
lunes, 28 de febrero de 2011
ANDALUCÍA
Andalucía, madre y maestra de nuestra cultura
cuna de arte y sentimiento
embrujo de la noche al mirarse en el espejo de sus cristalinas aguas
caricias de la brisa enredándose en sus sierras de encinares y de olivos.
ocho semillas sembradas en la tierra, por mano tartésica y visigoda
germinaron regadas por aguas moras, y florecieron siendo castellanas.
Hoy ocho rosas se alzan altaneras,
llevando en sus pétalos prendidos
todo el arte derroche y colorido
del verde y blanco que corona su bandera.
Jaén con sus campos de olivares,
donde vierte el sudor el campesino.
Entre marismas de plata sueña Huelva,
con suspiros peregrinos.
Málaga entre sus aguas,
el viento dibuja olas de plata
Cádiz navegando en su bahía
y Córdoba llorando entre murallas.
Almería oasis del desierto,
paraíso eterno de verano
Granada perla del Sacromonte,
arte de bohemios y gitanos
Sevilla reina y señora soberana,
mezcla de alegría y pena
entre cante por sevillanas
y lágrimas Macarenas.
¡ Qué gracia prendida en tu figura
que derroche de salero y alegría!
ocho rosas radiantes de hermosura
ofreciendo su color y su frescura
floreciendo en el jardín de Andalucía.
martes, 22 de febrero de 2011
EL ARTE COFRADE EN GUADALCANAL
Próxima la cuaresma, cuando se empiezan a salpicar las calles con las primeras flores de azahar y se escucha lejano, el eco de una marcha procesional, el arte vuelve a tomar forma.
El lienzo y el pincel visten de morado penitente y el artista busca la inspiración en la tragedia divina.
Así es como Adrián Uceda, este joven de Guadalcanal licenciado en historia del arte, plasma el dolor y el sufrimiento divino, en esa tela que será después testigo del sufrir, esta vez humano, bajo la trabajadera.
Son costales pintados en tela, que este artista ofrece al costalero para llevar más cerca la imagen de su devoción. Adrián como amante de la Semana Santa y del arte, sabe plasmar a la perfección cualquier imagen, dándole ese toque de realidad, como muestran estas fotos que nos impresionan con sus miradas.
Autor Adrián Uceda
Teléfono 618974280
El lienzo y el pincel visten de morado penitente y el artista busca la inspiración en la tragedia divina.
Así es como Adrián Uceda, este joven de Guadalcanal licenciado en historia del arte, plasma el dolor y el sufrimiento divino, en esa tela que será después testigo del sufrir, esta vez humano, bajo la trabajadera.
Son costales pintados en tela, que este artista ofrece al costalero para llevar más cerca la imagen de su devoción. Adrián como amante de la Semana Santa y del arte, sabe plasmar a la perfección cualquier imagen, dándole ese toque de realidad, como muestran estas fotos que nos impresionan con sus miradas.
Autor Adrián Uceda
Teléfono 618974280
martes, 15 de febrero de 2011
EL POETA PASEA CON SU AMOR AL ATARDECER POR LAS PLAYAS DE CÁDIZ
Tú me juras amor, amor
Cuando se alejan estas horas
Galopando en las grupas transparentes
De los jardines del ocaso
Del verde umbrío de las algas, hecha
Parece tu mirada, ahora,
Del perfume del pino de las dunas
El gesto tuyo
Y tu grácil sonrisa caracola
Del rumor nacarino
Tú me juras amor cuando desfilan
Los heraldos del ámbar por la tarde
Y al garzo son de sus trompetas
Pasan timbales de amapolas
A lomos de difusos mulos blancos
Banderas son tus labios ondeando el aire del deseo
Nada me importan amor mío
Las ciegas amenazas de la noche
Nada sus minas de amargura
Nada el amago amargo de lo negro
Porque, estando a mi lado, vida mía,
El amor es la luz en cada beso.
JOSÉ LUIS ÁLVAREZ MARTÍNEZ
viernes, 7 de enero de 2011
TRAS AQUELLA VENTANA
Me encuentro sentada en mi vieja mecedora, y el crujir de su madera antigua me delata que es el único lazo de unión con el pasado.
Descorro los visillos de mi cortina de terciopelo veneciana y a través del empañado cristal que ha dejado el vaho del invierno, puedo ver como el hijo de mi vecina llega a casa en su audi a4 después de haber terminado su master de programación en la universidad de hadward .Ni siquiera se lo que ha terminado ,según me cuenta mi nieta es algo que ha aprendido para hablarle a las maquinas.
Pero la pesadez de mis viejas pupilas o tal vez el anhelo de añoranzas remotas acaban de devolverme a mi vieja calle empedrada, dónde crece la hierba fresca y florecen las margaritas. Es el más remoto recuerdo que conservo de mi vieja calle.
El día que nací en la misma habitación dónde me encuentro, la hierba estaba recién cortada y mi hermana mayor había regado las piedras mientras mi madre postrada en un catre de metal niquelado le daba instrucciones. Era invierno y a las seis de la tarde ya encendieron el candil para alumbrar un parto que duraría hasta el alba , y por fin entre los desesperados gritos de mi madre, el esfuerzo realizado por mi padre y hermanos y las tazas de chocolate que habían llevado las vecinas, consiguieron que mis ojos abandonaran la oscuridad del útero materno para ver la primera luz del día en una calle empedrada donde el paso de las yuntas de la amanecida se pararan ante la vieja puerta de madera carcomida a contemplar la buena nueva.
Corrían tiempos difíciles, muy difíciles para todos, y en la vieja taberna que regentaba mi padre se anunciaba la agonía de la republica ante el temor de la inminente guerra civil.
Mi mente de apenas cinco años, era incapaz de asimilar aquel juego de palabras que entre risas y tintos pero con cara de preocupación comentaban aquellos hombres, y se limitaba cada tarde a descorrer las cortinas de lona gris que ocultaban el único cristal que le quedaba a la ventana de mi casa. Tras ella, la vieja fachada de piedra de la iglesia y señoras que acudían provistas de velo libro y rosario ,el ir y venir de las cantareras a la fuente llevando su cántaro en el cuadril , mientras en un corro de niñas se jugaba a la rueda y un truque dibujado en la tierra que borraban las muchachas paseando y luciendo un ramillete de jazmines en el pelo mientras los mozos las esperaban en las esquinas para piropearlas.
Los cristales de aquella ventana fueron dejando de existir poco a poco y el frío del invierno nos convocaba a todos en los adentros de la casa alrededor de la chimenea donde mama y abuela pelaban las patatas y mis hermanos y yo nos debatíamos sobre si hoy comeríamos o no las cáscaras. Como dije , eran tiempos de escaseces y el gran festín nos lo dábamos cuando abuelo salía de caza y le sonreía la fortuna.
Mientras las voces de los soldados en la calle y el estallar de bombas lejanas nos encogían el alma, nos sentábamos tras la ventana al pie de mi madre que ya había ocupado la vieja mecedora, a rezar un rosario que mi padre le había fabricado con huesos de algarrobo Entre pater noster y ora por novis la voz de mi madre se iba notando cansada y mis ojos de niña ya casi mujer se iban adentrando en el sueño hasta quedar echada sobre las rodillas de mi madre . Y es el mismo crujir de la misma mecedora quien me devuelve a mi calle asfaltada, a mis cortinas de terciopelo venecianas y al audi a4 del hijo de mi vecina.
Es entonces cuando me doy cuenta que el recuerdo de aquellos maravillosos tiempos se Lo debo y se lo seguiré debiendo siempre y mientras siga aguantando a mi cuerpo al crujir de la madera de aquella vieja mecedora.
Descorro los visillos de mi cortina de terciopelo veneciana y a través del empañado cristal que ha dejado el vaho del invierno, puedo ver como el hijo de mi vecina llega a casa en su audi a4 después de haber terminado su master de programación en la universidad de hadward .Ni siquiera se lo que ha terminado ,según me cuenta mi nieta es algo que ha aprendido para hablarle a las maquinas.
Pero la pesadez de mis viejas pupilas o tal vez el anhelo de añoranzas remotas acaban de devolverme a mi vieja calle empedrada, dónde crece la hierba fresca y florecen las margaritas. Es el más remoto recuerdo que conservo de mi vieja calle.
El día que nací en la misma habitación dónde me encuentro, la hierba estaba recién cortada y mi hermana mayor había regado las piedras mientras mi madre postrada en un catre de metal niquelado le daba instrucciones. Era invierno y a las seis de la tarde ya encendieron el candil para alumbrar un parto que duraría hasta el alba , y por fin entre los desesperados gritos de mi madre, el esfuerzo realizado por mi padre y hermanos y las tazas de chocolate que habían llevado las vecinas, consiguieron que mis ojos abandonaran la oscuridad del útero materno para ver la primera luz del día en una calle empedrada donde el paso de las yuntas de la amanecida se pararan ante la vieja puerta de madera carcomida a contemplar la buena nueva.
Corrían tiempos difíciles, muy difíciles para todos, y en la vieja taberna que regentaba mi padre se anunciaba la agonía de la republica ante el temor de la inminente guerra civil.
Mi mente de apenas cinco años, era incapaz de asimilar aquel juego de palabras que entre risas y tintos pero con cara de preocupación comentaban aquellos hombres, y se limitaba cada tarde a descorrer las cortinas de lona gris que ocultaban el único cristal que le quedaba a la ventana de mi casa. Tras ella, la vieja fachada de piedra de la iglesia y señoras que acudían provistas de velo libro y rosario ,el ir y venir de las cantareras a la fuente llevando su cántaro en el cuadril , mientras en un corro de niñas se jugaba a la rueda y un truque dibujado en la tierra que borraban las muchachas paseando y luciendo un ramillete de jazmines en el pelo mientras los mozos las esperaban en las esquinas para piropearlas.
Los cristales de aquella ventana fueron dejando de existir poco a poco y el frío del invierno nos convocaba a todos en los adentros de la casa alrededor de la chimenea donde mama y abuela pelaban las patatas y mis hermanos y yo nos debatíamos sobre si hoy comeríamos o no las cáscaras. Como dije , eran tiempos de escaseces y el gran festín nos lo dábamos cuando abuelo salía de caza y le sonreía la fortuna.
Mientras las voces de los soldados en la calle y el estallar de bombas lejanas nos encogían el alma, nos sentábamos tras la ventana al pie de mi madre que ya había ocupado la vieja mecedora, a rezar un rosario que mi padre le había fabricado con huesos de algarrobo Entre pater noster y ora por novis la voz de mi madre se iba notando cansada y mis ojos de niña ya casi mujer se iban adentrando en el sueño hasta quedar echada sobre las rodillas de mi madre . Y es el mismo crujir de la misma mecedora quien me devuelve a mi calle asfaltada, a mis cortinas de terciopelo venecianas y al audi a4 del hijo de mi vecina.
Es entonces cuando me doy cuenta que el recuerdo de aquellos maravillosos tiempos se Lo debo y se lo seguiré debiendo siempre y mientras siga aguantando a mi cuerpo al crujir de la madera de aquella vieja mecedora.
jueves, 23 de diciembre de 2010
LA NOCHE DE NOCHEBUENA
Otro año más llega la Navidad. Los niños de San Idelfonso con su dulce y melódica voz nos anuncian una lluvia de millones entre botellas de cava que se descorchan. Esas voces en los televisores de todos los hogares son el pórtico de unos días llenos de festejos deslumbrantes, que pasan a nuestro lado dejando el simple sabor de que otro año más ha pasado.
La plaza del pueblo está aun más hermosa. Un cúmulo de luces de colores se agolpan alrededor de un árbol gigantesco que ilumina la pequeña estancia que la rodea.
La gente corre de aquí para allá cargada de paquetes que se sumergirán por las chimeneas de los hogares, en honor de aquel viejo barbudo legado de tierras extrañas.
Y en las mesas, finos manteles acogerán todo tipo de manjares entre risas y brindis al calor de un fuego que se consume lentamente como la vida misma lo va haciendo entre sus vanalidades.
La noche era fría. En aquel hogar no había luces de colores ni manjares. El viento helado de la nochebuena traspasaba los cristales rotos de la única ventana que lo iluminaba.
Un par de mantas eran más que suficiente para cobijarle del frío invierno que duramente se revestía contra sus huesos.
Él podría llamarse Juan, o Luís, o Antonio que más da su nombre. Porque hacía tiempo que nadie lo nombraba. El eco de su voz también se había apagado, se había secado en su garganta donde solo había lugar para el escaso trozo de pan que tenía para llevarse a la boca.
Pero la noche dibujaba su hermosura sobre aquellas viejas paredes que desvanecían su encalado, reflejando la tenue luz de la luna en las baldosas desgastadas por el paso de los años.
Él recordaba otros tiempos, recostado en un rincón al calor que le brindaba la pobreza de sus mantas.
De pronto la tenue luz que se adentraba por las grietas de los cristales se hizo más intensa y su luminosidad inundó la pequeña sala.
Una estrella destacaba entre las demás en el firmamento y el halo de su belleza volvía cálido el frío de la noche.
Él abrió los ojos como queriendo aferrarse a la vida. En ese último intento escuchó el dulce llanto de un niño recién nacido. Ese niño le tendió la mano y las pocas fuerzas que le quedaban para levantarse de su gélido rincón, se acrecentaron de manera sorprendente.
Aquel recién nacido era el niño Dios. Y en esa noche fría de nochebuena había elegido las viejas paredes de aquel hogar, para hacer reaparecer la verdadera Navidad.
Que esa Navidad nos llegue a todos al corazón y sea el punto de llegada a donde nos lleve el camino del adviento.
FELIZ NAVIDAD
La plaza del pueblo está aun más hermosa. Un cúmulo de luces de colores se agolpan alrededor de un árbol gigantesco que ilumina la pequeña estancia que la rodea.
La gente corre de aquí para allá cargada de paquetes que se sumergirán por las chimeneas de los hogares, en honor de aquel viejo barbudo legado de tierras extrañas.
Y en las mesas, finos manteles acogerán todo tipo de manjares entre risas y brindis al calor de un fuego que se consume lentamente como la vida misma lo va haciendo entre sus vanalidades.
La noche era fría. En aquel hogar no había luces de colores ni manjares. El viento helado de la nochebuena traspasaba los cristales rotos de la única ventana que lo iluminaba.
Un par de mantas eran más que suficiente para cobijarle del frío invierno que duramente se revestía contra sus huesos.
Él podría llamarse Juan, o Luís, o Antonio que más da su nombre. Porque hacía tiempo que nadie lo nombraba. El eco de su voz también se había apagado, se había secado en su garganta donde solo había lugar para el escaso trozo de pan que tenía para llevarse a la boca.
Pero la noche dibujaba su hermosura sobre aquellas viejas paredes que desvanecían su encalado, reflejando la tenue luz de la luna en las baldosas desgastadas por el paso de los años.
Él recordaba otros tiempos, recostado en un rincón al calor que le brindaba la pobreza de sus mantas.
De pronto la tenue luz que se adentraba por las grietas de los cristales se hizo más intensa y su luminosidad inundó la pequeña sala.
Una estrella destacaba entre las demás en el firmamento y el halo de su belleza volvía cálido el frío de la noche.
Él abrió los ojos como queriendo aferrarse a la vida. En ese último intento escuchó el dulce llanto de un niño recién nacido. Ese niño le tendió la mano y las pocas fuerzas que le quedaban para levantarse de su gélido rincón, se acrecentaron de manera sorprendente.
Aquel recién nacido era el niño Dios. Y en esa noche fría de nochebuena había elegido las viejas paredes de aquel hogar, para hacer reaparecer la verdadera Navidad.
Que esa Navidad nos llegue a todos al corazón y sea el punto de llegada a donde nos lleve el camino del adviento.
FELIZ NAVIDAD
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